No siempre los ex llaman en el peor momento. ¿O será que convierten ese momento en el peor?  Dejo abierto el tema para el debate…

Como decía, no siempre una maldice escuchar su voz en el teléfono. A veces, llaman justo cuando una, en un ataque de mujer polifacética, estaba intentando agregar aceite al auto. (Previo medirlo y determinar que el nivel estaba bajo, clap, clap, clap, gracias por los aplausos…).  Lamentablemente, tan ambiciosa empresa corría riesgo de cancelación por una duda fundamental: ¿Por dónde se mete el aceite? ¿Por el mismo agujerito por donde está la varilla?

Intenté por ahí, pero era demasiado chico y rebalsaba enseguida. Justo en ese momento, sonó el teléfono. ¿Saben quién era? Mi ex, el fanático de los autos. El que me hablaba todo el tiempo de autos, el mismo al que le pareció una gran idea tunear mi auto con unas calcomanías horribles, que nunca pude terminar de sacar. Justo él.

- Hola, quiero agregarle aceite al auto y no sé por dónde. ¿Lo pongo por donde está la varilla?
- Nooooo, va en un depósito con una tapa amarilla que está arriba del motor. No te confundas con la tapa del agua (¡Claro que no! La del agua, sí sé cuál es. ¿Acaso me cree idiota?) ni con la del líquido hidráulico (Mirá vos… ¿los autos tienen algo hidráulico?)
- Gracias, gracias…

Con el instructivo, volví a mirar y descubrí una tapa amarilla con el dibujo de una aceitera.

Y lo hice.

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