Ya me dolía la oreja. Tampoco era extraño, después de tanta charla telefónica. Se hizo un silencio y a continuación, Irina dijo:

– Facebook es raro…
– ¿Raro? ¿En qué sentido?
– Te cuento lo que me pasó: vos sabés que me peleé con Martín, porque descubrí que había estado viendo a otra mina. Nosotros cortamos completamente, pero a mí me quedó la curiosidad de saber si ellos seguían juntos. Martín le había dado de baja a su Facebook hacía un tiempo. En ese momento me dijo algo así como que no estaba de acuerdo con la política de privacidad de Facebook, pero después me di cuenta, de que el tema era que no nos podía tener a las dos ahí. ¡Mirá si le escribíamos “Hola, mi amor” en el muro al mismo tiempo!
– Jaja, se lo hubiera tenido merecido. Pero no es tan boludo…

– Obvio. Por eso, como él ya no tiene Facebook, la ubiqué a ella. Pensé que, con un poco de suerte, podía ser uno de esos nabos que configuran la privacidad para el culo y me iba a poder enterar en qué andaban.
– ¿Y? ¿Pudiste entrar al muro?
– No, lo tenía bien configurado. Lo único que pude leer fue que es mujer. Y eso ya lo sabía. Ahí pensé: ¿Aceptará desconocidos en Facebook? Por ahí, sí. Vi que tenía casi trescientos amigos. Ella trabaja en una agencia de publicidad y probablemente muchos sean contactos profesionales. Decidí probar. Creé un perfil con un nombre falso, no puse foto, escribí “Primer día en Facebook” en mi muro y le mandé una invitación.

-¿Y te aceptó?
– Estuvo sin contestarme por casi un mes. Para ese entonces, ya me había arrepentido de la pendejada que había hecho y había decidido que era la forma que tenía el destino de decirme que me olvidara de Martín y que siguiera con mi vida. Y ahí fue cuando me aceptó como amiga y me mandó un mensaje preguntándome si trabajaba en no sé cuál agencia de publicidad.

– ¿Qué le contestaste?
– Nada, tenía miedo de meter la pata. Aproveché para leerme todo su Facebook, ver que siguen juntos y se fueron a pasar un fin de semana a Colonia. En realidad, estaba esperando que eliminara en cualquier momento, pero pasó el tiempo y seguíamos siendo “amigas”.
– Seguramente, entre tantos contactos se olvidó de vos.

– Supongo. El tema es que me acostumbré a entrar de tanto en tanto para ver cómo siguen las cosas. Ella no escribe mucho sobre Martín. Es un Face más bien para el trabajo, pero siguen juntos. Un día me puse a ver mi perfil y me di cuenta de que algún día se le daba por mirarlo, me iba a eliminar en el acto. Era un perfil sin foto, nunca escribí nada, salvo eso de “mi primer día en Facebook” y lo peor: mi única amiga era ella.
– Muy sospechoso…
– Claro, así que decidí que necesitaba agregar nuevos amigos para darle un poco más de credibilidad. Pero, ¿a quién invitar? ¿Quién iba a aceptar a una perfecta desconocida?… Pensé unos días hasta que me di cuenta de lo fácil que era. Empecé a invitar bloggers.
– Justo lo que te  iba a decir…
– Y así me hice de diez o doce “amigos”, lo cual está muy bien para alguien que se supone que abrió un perfil en Facebook, pero casi nunca lo usa. De paso, para no resaltar tanto entre sus amigos por no tener foto, ahí puse un dibujo de Mafalda. No quise subir la foto de otra. Mirá si la ve y se da cuenta de que no conoce a esa mujer…

– ¿Y funcionó? ¿ Siguen siendo “amigas”?
– Por supuesto. Pero lo raro es lo que pasó después. No sé porqué, empezó a agregarme gente real. Me imagino que me sacaron de las sugerencias, pero ¿para qué invitar a una desconocida, cuya foto es un personaje de historieta y que nunca escribe nada? Pero ahora tengo un perfil divino con un montón de amigos 🙂

– Tenés razón. Es raro Facebook…

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