No me escribe. No me contesto más y no sé qué hacer. Hacía mucho que no nos veíamos, pero nos encontramos la otra vez y te juro que fue genial. Hacía mucho que no tenía una charla así con alguien, tan íntima y tan profunda. Bueno, yo. Él, no sé. Al principio creí que sí, me pidió que me quedara, me dijo que podíamos hacer un viaje juntos, pero después me escribió un par de mail y ahora hace un mes que no me contesta.

Ojo, no soy tan tonta como para preguntarme qué significa. Ya sé que si después de un mes mis mails siguen en su bandeja de entrada, los borró, los marcó como spam o tiene mi avatar atravesado con alfileres virtuales es porque no le interesa contactarme. Y eso me duele, y mucho. Pero lo que me desvela es saber qué pasó. No tengo idea de qué es lo que piensa. ¿Para él soy una de esos conocidos de los cuales uno dice: Fulana es muy buena onda, pero solo los recuerda de tanto en tanto? ¿Hubo algo que no le gustó? ¿Se acordó de que está casado o de novio? ¿Me odia?

Me muero por escribirle una vez más, para ver si  puedo averiguar algo. Pero, no sé… Si no contestó a mi primer mail ni a mi segundo mail, ¿por qué contestaría el tercero? Además, estoy enojada. Que se vaya a la mierda. Me corto la mano antes de volver a escribirle. Que se muera. Y si me escribe, no le voy a contestar.

Aunque por ahí… si le escribo preguntándole cómo anda (algo amable, pero impersonal) o si recibió mi mail (eso, seguro que sí, pero quizás sea una buena excusa)… Dios, ¿qué hago? Voy a tirar las monedas para ver que me aconseja el I Ching. Creo que eso habla muy bien de mí, de mi equilibrio, de mi paz interior. Es como que estoy buscando hacer las cosas bien. El I Ching nunca te aconseja que vayas a su casa, lo insultes y después te pongas a llorar.

Tiro las monedas seis veces y busco que hexagrama me toca. Casi salto al leer la primera frase:

No trate de intervenir ahora.

¡Sacá la mano del teclado!, me ordena el I Ching. Sigo leyendo:

 Una persecución obstinada provocaría desgracias. Un esfuerzo continuo acaba por minar nuestros intereses. No es prudente cargar repetidas veces contra una puerta cerrada. Retírese a meditar y acepte tanto las dificultades como las bendiciones que le proporciona el día.

Ajá, supongo que tres mail seguidos encuadrarían dentro de persecución obstinada . Y más adelante:

No se trata de que aguarde en un estado de anhelo desesperado, sino en un estado de paciente fuerza interior.

Si lo pudiera hacer sería maravilloso, pero temo que es demasiado chino para mí. Pero como conclusión, es indudable que al I Ching le parece una pésima idea de que le mande un mail. Creo que en esto acertó plenamente. Además, si me llegara a contestar no me va a decir “cambié de idea sobre vos” o “nunca me gustaste”. En el mejor de los casos, la respuesta sería “estuve muy ocupado”, “recién lo veo, no sé porque el correo lo mandó a spam” o algo así. Probablemente pueda completar el concepto con un gran frase de mi querida y occidental amiga Ana:

Si no querés que te mientan, no preguntes.

 

Solo espero tener la fuerza para aplicarlo.

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